Más allá de los titulares sobre casquetes polares que se derriten e incendios forestales catastróficos, una creciente cantidad de evidencia científica revela una conexión inquietante y directa entre la volatilidad climática y el desarrollo físico y cognitivo infantil.
El cambio climático no es solo una amenaza existencial futura; es un lastre activo sobre el crecimiento de la próxima generación.
Expertos en salud pública y pediatría advierten que los impactos del clima —que van desde el calor extremo hasta la inseguridad alimentaria y la contaminación del aire— están convergiendo para crear un entorno profundamente hostil para el desarrollo humano en sus etapas más críticas.
«Estamos programando biológicamente a los niños para un futuro de salud comprometida», advierte la Dra. Elena Rivera, epidemióloga especializada en salud materno-infantil. «Los impactos comienzan incluso antes del nacimiento y se acumulan durante la infancia, creando desventajas que pueden durar toda la vida».
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