En las tierras altas del norte de Perú, el agua fluye en silencio a través de una frágil red de lagunas que sostienen comunidades enteras. En Cajamarca, estos ecosistemas no son solo parte del paisaje: son la base de la vida.
En las últimas dos décadas, sin embargo, esta región se ha convertido en uno de los epicentros de los conflictos socioambientales en América Latina. En el centro de esta disputa hay una pregunta difícil: ¿puede el crecimiento económico impulsado por la extracción minera coexistir con la protección de los sistemas de agua de los que dependen las comunidades?
Perú se encuentra entre los principales productores mundiales de oro y cobre, y la minería representa una parte significativa de sus exportaciones e ingresos nacionales. Esta dependencia económica, sin embargo, ha intensificado las disputas territoriales, especialmente en zonas rurales donde los ecosistemas sostienen directamente los medios de vida.
El Proyecto Conga, liderado por Minera Yanacocha, buscaba expandir la extracción de oro y cobre en Cajamarca mediante la intervención de un sistema de lagunas de alta montaña. La propuesta incluía drenar lagunas naturales y reemplazarlas por reservorios artificiales, una medida ampliamente cuestionada por comunidades locales y organizaciones ambientales.
Estas lagunas no son cuerpos de agua aislados. Funcionan como reguladores naturales que alimentan ríos y humedales, sosteniendo la agricultura, la ganadería y la vida cotidiana. Alterarlas podría desencadenar efectos en cadena en los sistemas hidrológicos de la región.
Entre quienes resisten el proyecto, las mujeres han emergido como actores clave.
Máxima Acuña, una agricultora de pequeña escala en los Andes, se convirtió en un símbolo internacional de resistencia tras negarse a abandonar su tierra pese a la presión constante.
“No tuve la oportunidad de aprender a leer”, ha dicho, “pero sé cómo defender lo que es mío”.
Su resistencia ha tenido un costo. En 2011, su vivienda fue demolida, su ganado fue arrebatado y su familia sufrió violencia e intimidación durante los momentos más intensos del conflicto.
Pero la historia de Acuña no es un caso aislado.
En las zonas rurales de Cajamarca, las mujeres suelen enfrentar de manera inmediata los impactos de la degradación ambiental. Como principales responsables del agua para uso doméstico, la preparación de alimentos y la agricultura a pequeña escala, son de las primeras en experimentar los efectos de la contaminación o la escasez.
Diversas investigaciones en regiones extractivas de América Latina muestran que las mujeres enfrentan cargas desproporcionadas, incluyendo la pérdida de tierras agrícolas, el aumento del trabajo no remunerado y una mayor vulnerabilidad económica.
Entre quienes resisten el proyecto, las mujeres han emergido como actores clave.
Máxima Acuña, una agricultora de pequeña escala en los Andes, se convirtió en un símbolo internacional de resistencia tras negarse a abandonar su tierra pese a la presión constante.

“No tuve la oportunidad de aprender a leer”, ha dicho, “pero sé cómo defender lo que es mío”.
Su resistencia ha tenido un costo. En 2011, su vivienda fue demolida, su ganado fue arrebatado y su familia sufrió violencia e intimidación durante los momentos más intensos del conflicto.
Pero la historia de Acuña no es un caso aislado.
En las zonas rurales de Cajamarca, las mujeres suelen enfrentar de manera inmediata los impactos de la degradación ambiental. Como principales responsables del agua para uso doméstico, la preparación de alimentos y la agricultura a pequeña escala, son de las primeras en experimentar los efectos de la contaminación o la escasez.
Diversas investigaciones en regiones extractivas de América Latina muestran que las mujeres enfrentan cargas desproporcionadas, incluyendo la pérdida de tierras agrícolas, el aumento del trabajo no remunerado y una mayor vulnerabilidad económica.
Defender la tierra y el agua en estos contextos implica riesgos elevados.
Según Amnesty International, los defensores ambientales en Perú han enfrentado acoso legal, amenazas y violencia física. En algunos casos, líderes comunitarios que se oponen a proyectos mineros han sido objeto de múltiples denuncias legales.
Las mujeres defensoras enfrentan riesgos adicionales, como violencia de género e intimidación dirigida.
A pesar de ello, muchas continúan organizándose a nivel local: monitorean cambios ambientales, documentan impactos y construyen redes de apoyo con organizaciones civiles.
Tras meses de protestas, debate nacional y creciente atención internacional, el Proyecto Conga fue suspendido.
Sin embargo, las tensiones de fondo permanecen sin resolverse.
Cajamarca sigue siendo una de las regiones más ricas en recursos minerales de Perú y, al mismo tiempo, una de las más disputadas. Los intereses mineros persisten, al igual que las condiciones estructurales que dan origen al conflicto.
Tras meses de protestas, debate nacional y creciente atención internacional, el Proyecto Conga fue suspendido.
Sin embargo, las tensiones de fondo permanecen sin resolverse.
Cajamarca sigue siendo una de las regiones más ricas en recursos minerales de Perú y, al mismo tiempo, una de las más disputadas. Los intereses mineros persisten, al igual que las condiciones estructurales que dan origen al conflicto.
En las alturas andinas, la vida continúa. Los campos se cultivan, los animales se cuidan y las familias dependen de la tierra como lo han hecho durante generaciones.
Pero las condiciones han cambiado.
Para mujeres como Acuña —y muchas otras cuyos nombres permanecen menos visibles— la defensa del agua no es solo un asunto ambiental. Es una lucha por la supervivencia, la dignidad y el derecho a permanecer en su territorio.
Frente a la presión de la demanda global de minerales y los intereses económicos, su resistencia continúa.
Francis Annagu es un periodista ambiental nigeriano cuyo trabajo se centra en la intersección entre el medio ambiente, los datos y la desigualdad social. Más información sobre Annagu aquí. Ha recibido apoyo de organizaciones como el Pulitzer Center, el Africa-China Reporting Project, la Tiger Eye Foundation y el Rainforest Journalism Fund. Su trabajo se ha publicado en plataformas como Panorama Papers, InfoCongo y EnviroNews.
Este artículo fue editado y traducido al español por Marcos Rosas de El Ambientalista Post (ver aquí en ingles). Más información sobre Marcos aquí.
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