El humo no siempre es visible. A veces se filtra lentamente, como una advertencia ignorada durante demasiado tiempo.
En Hueyotenco, una comunidad al norte del Valle de México, los vecinos dicen que el aire cambió antes de que alguien hablara de incendios. Primero fue el olor: una mezcla persistente, agria. Luego, el calor que emanaba del suelo. Después, la certeza de que algo estaba ardiendo bajo sus pies.
La mina, un hueco de unos 15 metros de profundidad, abierto hace años para extraer arena, se convirtió, con el tiempo, en un tiradero irregular. Hoy es un incendio subterráneo activo.
Autoridades municipales confirmaron desde enero que la combustión ocurre bajo la superficie. La explicación es técnica, pero el fenómeno es conocido: la descomposición de residuos genera gas metano; el calor se acumula; el subsuelo se enciende.
Para contenerlo, brigadas han optado por humedecer la tierra y monitorear la temperatura. No hay llamas visibles. No hay explosión. Solo una combustión lenta, persistente, difícil de extinguir. Pero para quienes viven cerca, el problema no es invisible.
“Son los olores, el humo, la garganta irritada”, dicen. Los reportes locales documentan emisiones fétidas constantes y preocupación por efectos en la salud.
La historia del sitio es también una historia de omisiones. Vecinos aseguran que durante años la mina fue utilizada como depósito clandestino de basura, sin control ni remediación. Residuos orgánicos, escombros, llantas: una mezcla típica de los tiraderos informales en la periferia urbana.
Ese tipo de sitios, advierten especialistas en gestión de residuos, pueden convertirse en reactores químicos improvisados: generan gases, lixiviados y calor. Cuando no hay ventilación adecuada, el riesgo de combustión aumenta. En Tecámac, ese proceso ya ocurrió.

El 3 de marzo, decenas de habitantes bloquearon la carretera México–Pachuca. No era la primera vez que protestaban, pero sí una de las más visibles. La vialidad —clave para conectar con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles— quedó paralizada durante horas. La demanda era específica: saneamiento integral.
No solo apagar el fuego, sino retirar los residuos, estabilizar el terreno y evitar que el sitio vuelva a ser utilizado como basurero.
Tras el bloqueo, autoridades municipales instalaron mesas de diálogo y fijaron plazos para evaluar el avance de los trabajos.
El gobierno local ha insistido en que no se han detectado materiales peligrosos en la zona. Sin embargo, tampoco ha precisado quién permitió que la mina se convirtiera en tiradero ni quién es responsable legal del predio.
Ese vacío —administrativo y político— es, para muchos vecinos, parte del problema.
Aunque el incendio no ha dejado víctimas directas, sus implicaciones son más amplias:
- Calidad del aire: la combustión de residuos puede liberar gases tóxicos y partículas finas.
- Salud pública: la exposición prolongada está asociada con afecciones respiratorias.
- Agua y suelo: los lixiviados pueden infiltrarse en el subsuelo.
- Estabilidad del terreno: el calor puede generar cavidades y hundimientos.
Son riesgos conocidos en rellenos sanitarios mal gestionados. Aquí, sin embargo, no hay infraestructura diseñada para contenerlos.
El Valle de México tiene una larga memoria de crisis industriales y ambientales que comienzan lejos de la vista pública. Desde explosiones hasta incendios en tiraderos, el patrón es similar: crecimiento urbano acelerado, infraestructura insuficiente y supervisión débil.
En Hueyotenco, el incendio no llegó de repente. Se formó lentamente, capa por capa, bolsa de basura sobre bolsa de basura.
Hoy, el fuego sigue activo. No se ve desde la carretera. No aparece en fotografías espectaculares. Pero está ahí, bajo tierra, liberando calor y gases en una combustión que puede durar meses o incluso años si no se interviene de manera integral.
Los vecinos lo describen de otra forma, menos técnica y más directa: No es solo un incendio. Es el resultado de todo lo que se dejó acumular.
Descubre más desde El Ambientalista Post
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



